Aprovechando la Semana de la Pobreza Energética, subimos un nuevo post donde hablamos un poco más sobre esta problemática y sobre aquellos factores que contribuyen a la pobreza energética.
La pobreza energética se ha convertido en un tema de creciente preocupación en el ámbito global, especialmente en el contexto de las transformaciones que enfrenta el sector energético en las próximas décadas, pero ¿qué es exactamente la pobreza energética?
El término «pobreza energética» surgió en respuesta a la crisis del petróleo de 1973, inicialmente vinculado con la escasez económica. Con el tiempo, a medida que los costos energéticos aumentaban, este fenómeno fue adquiriendo características propias, lo que permitió definirlo como un fenómeno separado de otras formas de pobreza.
Actualmente, la pobreza energética se refiere a la situación en la que un hogar no puede cubrir sus necesidades básicas de energía, como calefacción, electricidad o agua caliente, debido a que sus ingresos son insuficientes.
La pobreza energética está influenciada por varios factores:
- Los hogares con ingresos bajos enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades energéticas esenciales, como la calefacción o el acceso a electricidad.
- Los precios de la energía, que han aumentado de manera significativa en los últimos años, especialmente desde la pandemia, juegan un papel crucial, afectando con mayor intensidad a las familias más vulnerables.
- La ineficiencia energética de las viviendas también es un factor determinante, ya que dificulta mantener una temperatura adecuada dentro del hogar, especialmente en invierno.
Además, desde un enfoque de género, se observa que las mujeres, especialmente las madres solteras, son más vulnerables a la pobreza energética debido a la brecha salarial y a la mayor dedicación a trabajos no remunerados como el cuidado infantil.
Una de las preguntas más comunes es: ¿cómo se mide este fenómeno? El Observatorio de la Pobreza Energética de la UE (EPOV) utiliza una serie de indicadores clave para evaluar la pobreza energética en Europa, tales como la proporción de personas que no pueden mantener su hogar a una temperatura adecuada en invierno o el retraso en el pago de facturas.
En conclusión, la pobreza energética es un problema creciente que afecta a numerosos hogares, con serias repercusiones en la salud y la economía de los afectados. Es una preocupación tanto a nivel nacional como en la Unión Europea, vinculándose con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluyen la transición hacia energías renovables y el acceso a energía limpia y asequible.
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